Sonidos que cuidan sin invadir
El ruido clínico constante eleva cortisol y activa recuerdos de peligro. Rediseñar alarmas, amortiguar reverberación y orquestar señales esenciales con criterios humanizados protege la concentración del personal y la calma de pacientes. Un paisaje sonoro regulado comunica seguridad, prioridad y presencia sin saturar percepciones vulnerables.